Por Cristhine Larsen, Madrid.
(Petit Cabinet)
Algunos de ellos tienen algo de preciosas flores, raras y pétreas; ligeramente amenazantes. Otros, son nacarados moluscos; de formas pulimentadas y suaves. Aquí, los más gourmets, verán sin duda entonces, imaginativas brochetas: sin apenas esfuerzo, enloquecidamente, tornarán las ricas pedrerías y madreperlas en deliciosos bocados de susi ?atezados, en su caso, con virutas de trufa- y las labradas ornamentaciones y las bolas diamantinas y perladas en las más escarchadas
Frutas de Niza o los más extraordinarios
Bombones Belgas.
Otras personas ?no tan pocas- y las de imaginación más sicalípticamente extraviada, verán en estas joyas los más sublimes, refinados y torturantes instrumentos. Por no hablar ya, en último término, de las mentes asesinas y su pérfido e imparable, ?Instinto básico?.
¿O es que acaso no podríamor picar ?y muy bien- hielo con alguno de los alfileres que aquí vemos?
Cristhine Larsen, suponemos que al poder contemplarlos a diario en la bonita vitrina de su casa, ha recabado en todo ésto y en otros mil, marinos y misteriosos destellos.
Pero, primeramente para ella, y por extensión a todos los curiosos y coleccionistas, lo que aquí se exponen son sencilla y prodigiosamente, alfileres de sombrero. Tan prácticos y coquetos como caprichosos y variados.
Siendo muy jovencita -nos relata simpáticamente esta consumada restauradora de obras de arte- su madre, por gusto propio y en ocasiones señaladas, la sorprendía, inconfundiblemente, con una de estas raras maravillas. Así, poco a poco, al amparo de esta bonita y tradicional complicidad entre madre e hija, la colección fue creciendo irresistible.
Hasta llegar a hoy día, con más de un centenar de piezas, la mayoría de ellas forjadas en el más puro estilo Deco, por prestigiosos talleres de Cataluña. Aunque también nos refirió Cristhine, haciendo acopio de memoria, que algunos eran franceses y otros de la imperial Inglaterra.
Hemos de confesar - sería justo no hacerlo- muy orgullosamente y de cara a la galería que para presentar tan delicada mercancía, recurrimos la sensibilidad y gusto de una mirada experta.
Mercedes Ángulo, joyera de la más refinada y ultimísima vanguardia, se prestó generosa y cómplice a tan compleja tarea.
De su planteamiento óptimo, no nos cabe la menor duda. Tal es la cantidad de comentarios de subyugada emoción y sorpresa que nos llegan a diario.
Además si os fijáis atentamente ?y esto nos reconforta y divierte- hay un alfiler que termina en coleccionista mariposa. ¿Puede haber una metáfora amorosa más sutil y compleja? Pensad en ello. Algo que etéreo y alegre lo sobrevuela todo y sin embargo y, al mismo tiempo, se clava con penetrante y aguda fuerza en lo más hondo y secreto del alma.
No quisiera cerrar esta apasionada crónica sin reseñar la gracia y oportunidad de los mismos ?alfileteros?. Nobles y sufridos estandartes de esta colección memorable ?y que merecerían para ellos solos, una exposición aparte-.
Lo dicho. Belleza Límite. Cuidado con ellos ?y mirarlos mejor, un poco de lejos- En la vida, hay pinchazos incurables.
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