
“Si te acuerdas de los años 60, es que no los viviste".
(pintada anónima y explícita y muy extendida de aquella época)
Pocas décadas como las de los sesenta congregan en el devenir de sus años tal cantidad de sueños y generacionales cambios. Ligados a ellos, imparable e inseparablemente, estuvo, siempre muy presente La Vieja y Madre Música, con la bullente e incesante aparición de cientos de bandas y estrellas solistas emergentes y la creación de nuevos y originales estilos musicales.
Radiografía veraz y sensible de su Tiempo, como la más audaz y alegre de las cometas y, el cometa, más cegador y brillante, un solo grupo,
The Beatles, atraviesan e iluminan con su sempiterna y genial voz todo el firmamento de esos diez; mágicos, musicales y misteriosos años.
“En los años 60, toda nuestra generación iba en el mismo barco, un barco que se lanzaba a descubrir un mundo nuevo. Los Beatles éramos su vigía. Todo el mundo formaba parte de aquello, y nosotros aportamos nuestro granito de arena, pero no sabría decir con exactitud lo que era contribución nuestra y lo que venía de fuera. Todo depende de la influencia que los Beatles tuviéramos en la gente y del grado en que ésta se viera afectada por nuestra onda expansiva. Nosotros experimentábamos todos los cambios y decíamos: Por allí llueve, tierra a la vista, por allá hace sol; o: mira, una gaviota. Nos limitábamos a contar lo que nos sucedía.” John Lennon. 1974.
Esa sea quizás una de las claves, La Realidad, con su juventud optimista y ansiosa, lo inspiraba TODO. Y ese todo era verdaderamente imponderable. Tan abierto, inspirador y atemporal como una simple lata de tomate o el bucólico jardín de un viejo orfanato dirigido por el Ejercito de Salvación en el suburbial Liverpool de entonces , conocido como –ahora mundialmente- “Strawberry Field” (forever!)…Así, montañas de viejos valores se desplomaban a marchas forzadas y las minifaldas y el Op Art entremezclaban graciosamente sus lineas sugerentes y lígeras, creando una atmósfera, sino una ilusión (llamada Carnaby Street), de energía continua y vibrante. Porque a partir del año 66, con el renovado y salvaje empuje de los nuevos grupos americanos de la Costa Oeste, toda esa creatividad irrefrenable devendría (Vietnam desastroso, hambrunas de Biafra, Mayo del 68…) en una cada vez más descontenta y distorsionada conciencia psicodélica.
Sería muy pretencioso por nuestra parte intentar condensar el espíritu, los afanes y sueños de toda esa generación tan imaginativa y convulsa en el espejo de una mera exposición colectiva. El Coleccionista, es demasiado ingenuo y curioso para ello. Y sólo desea, en tal caso, celebrarlo. (No en vano, muchos de entre nosotros, hemos nacido en esa pop-era).
Para ello, nos hemos dejado guiar por un mago de la música,
Ricardo Peña, que como el ubicuo Walrus nos da la mano y nos deja vislumbrar las alegres costas de ese Mundo Inimitable y Yeah-Yeah. Vinilos imposibles de encontrar hoy día, distinguidos por una inigualable rareza o simplemente atesorados por un amor sentimental y militante por la música (de uno mismo), auténtica y buena. Porque, detrás de cada hit o éxito, (machacado invariablemente, hasta el delirio, por la aguja diamantina del pick-up), Ricardo esconde y revela una vital anécdota y nos habla, amenamente y con criterio, de todo aquello: de lo qué fue y de lo qué queda.
Compartimentada por países: España, Francia, Italia.,Norteamérica y Gran Bretaña (con especial atención y cariño por The Beatles) la colección –Sixties-de Ricardo, nos presenta, desde la aguerrida candidez de sus poperas carátulas, a aquellos grupos y solistas que por su personalidad y talento marcaron toda una época, creando en muchos casos, verdadera escuela. Quién no ha escuchado alguna vez la voz naif y rebelde de
Francoise Hardy. Los horteras pinitos de
Sonny and Cher o del muy caliente
Celentano. Por no hablar de los muy ibéricos
Mustang, los
Beach Boys o los inefables
Rolling. A todos ellos, y a muchos otros, en novedosa y caleidoscópica primicia, escuchamos y contemplamos, tras nuestras rutilantes vitrinas, en versión y original formato.
Numerosos amigos y coleccionistas se han querido sumar a esta fiesta (guateque, sería más adecuado) nostálgica-iniciática y han contribuido a ella, decisivamente, aportando elementos y material de aquella década (consultar, por favor e inmediatamente, nuestra lista de valiosos colaboradores e impagables
agradecimientos).
Con todos ellos y con tu presencia, El Coleccionista, da un paso más hacia adelante en la confección y presentación de modestas y gloriosas coproducciones. Tan necesarias en nuestra ciudad, como monográficas.
¿Te gustaría comprar, a buen precio, el sitar de
George Harrison? ¿O tomar un chic combinado en el apartamento privado y óptico de
Mary Quant, precoz inventora de la minifalda? …
Date prisa entonces y regresa con nosotros a los Mágicos Sesenta.
Abierto por primavera. Y vez primera, en Zaragoza.
Calle Mefisto, por más señas. Nuestras muy queridas y coleccionistas Satánicas Majestades.
Las colecciones de El Coleccionista